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74.- You´ll never walk alone

Hoy toca agradecer a todas las redes sociales que han demostrado una vez más que sirven para unirnos y trasmitir valores como la solidaridad y la esperanza. Si Martin Niemöller levantara la cabeza... estaría orgulloso.

"Primero vinieron por los socialistas, y yo no dije nada,
porque yo no era socialista.
Luego vinieron por los sindicalistas, y yo no dije nada,
porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los judíos, y yo no dije nada,
porque yo no era judío.
Luego vinieron por mi, y ya no quedaba nadie para hablar por mí."

El siglo XXI no empezó el 1 de enero de 2.000, ni siquiera el 1 de enero de 2.001; ni la historia la rigen las matemáticas ni los matemáticos están siempre de acuerdo. Hay sociólogos y estadistas que dicen que el siglo XXI comenzó el 11 de septiembre de 2001, ya que el ataque a la torres gemelas fue el punto de inflexión para comenzar una nueva era (los conspiranoicos lo llaman "nuevo orden mundial"). Si nos vamos al lado tecno-friki, esa misma fecha fue la prueba real de stress para Internet, por el tráfico de información que se generó y la cantidad de personas que dieron el paso a la red para estar informados. Lo que es bien cierto es que TODOS sabemos dónde estábamos y qué estábamos haciendo aquel 11 de septiembre.

Hay también quien defiende que el siglo XXI comenzó realmente en 2004, a raíz de surgir facebook. Ojo, que no es frikada, no es ninguna bobada. Se juntaron varias cosas: podíamos tener ya en la palma de nuestra mano acceso a todo el conocimiento del planeta Tierra (algo que la humanidad no había podido disponer nunca) y además nos convertíamos en seres sociales digitalmente, podíamos comunicarnos, expresar emociones, opiniones... de repente, Internet paso de ser en blanco y negro a ser en color, de ser un lugar donde consultar cosas a ser un punto de encuentro e interacción. De repente nos dimos cuenta de que el ser humano es un ser social en esencia. De que un humano siempre ha necesitado de otro humano, desde que existe, desde que éramos homínidos y nos movíamos por la tierra en grupo, para sobrevivir y optimizar recursos... para vivir. Y esto supone en esencia que la soledad, nos mata.

Las redes sociales son como el vino: usadas con moderación son buenas para el corazón y la mente, usadas a destiempo y en exceso, son adictivas y nocivas para la salud. Son una bomba, con un potencial increíble para muchas cosas... una bomba que nos puede estallar en las manos y que hay que saber utilizar.

Pero hoy es de justicia (quédate con esta palabra, justicia) hablar bien de las redes sociales, porque gracias a su poder, sabemos más lo que ocurre y sabemos que no estamos solos. Me estoy refiriendo a la reacción de la ciudadanía al publicarse la sentencia del juicio de la manada. Siempre que hay un estallido social se traslada a un estallido en la red (no me estoy refiriendo al 15 m, por ejemplo, convocado y dirigido a través de los SMS de la época, o la primavera árabe... ya que todo eso es política y no deseo hablar de política aquí) y creo que es humano reconocerse como miembro del colectivo más grande y transparente: el de las personas (dicho así, puede sonar peregrino) el del grueso de la población, el de "la gente de a pie", el de quien se indigna y protesta con la cabeza... y con el corazón.

Es alucinante el poder de convocatoria de las redes para movilizar espontáneamente a miles de personas en las puertas de los juzgados apenas unas horas después de que una sentencia se publique. Siempre evito caer en el cuñadismo de opinar diciendo frases como "lo que hay que hacer es..." tipo "yo sé la solución y tengo la verdad absoluta sobre esto... si me dejas a mí lo soluciono"... básicamente porque no tengo ni idea de casi nada (un poco de karate, un poco de informática y ya) pero reconforta ver a las personas unidas. Gracias Facebook, Twitter, Change.org, YouTube... porque en estas ocasiones sois el nexo de los sentimientos de las personas. Si no existiéseis, probablemente sólo una décima parte de la ciudadanía hubiera conocido, esta sentencia, o mejor, probablemente esta sentencia se hubiera ido diluyendo a través de los días y las televisiones y radios (medios aún muy 1.0) y los ciudadanos no hubiéramos podido decir que estamos en desacuerdo, y hacer reflexionar a quienes tengan responsabilidades.

En mi caso, ayer por la tarde estaba trabajando y no pude ir a ninguna concentración. Supe de ello por mis padres, que siempre me enseñaron con su ejemplo que somos seres sociales y que si pensamos sólo en cada uno de nosotros, no llegaremos a ninguna parte: mis padres me enseñaron que si luchas, puedes perder, pero si no luchas, estás perdido.

Me gustaría darle un abrazo bien fuerte a la chica protagonista de esta historia terrible. Que viera en mis ojos la convicción de que no está sola. Que supiera que en este camino que la vida le ha marcado, por lo que sea, no caminará sola. No he querido siquiera saber su nombre desde que empezó todo esto, porque creo que su anonimato es básico para que pueda re-emprender su vida, así que ni siquiera podría decirle su nombre si hablase con ella. No es necesario. Va por ti pues, corazón. Ayer mis padres te dieron su aliento, y con él el mío y el de toda la gente de bien. Siéntete arropada por todos. Estamos contigo. La gente te cree y te quiere.

Gracias por su atención. Ya pueden continuar con lo que estaban haciendo.

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