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65.- "Tempus fugit, carpe diem et memento mori"

Como un cerdo en una charca. Así me siento yo cuando una terraza de un bar de Sope se convierte todos los viernes en un nexo de reflexiones sobre la semana vivida y sobre las semanas que viviremos. La tecnología nos cambia, y nos hace comunicarnos a veces y sobre todo de forma asíncrona y no-presencial, pero nada como reunirse en buena compañía con un buen vino (o varios) y tantas cervezas como sean necesarias para darse cuenta del valor del calor humano.

Esto de hacerse mayor tiene lo que tiene; se va convirtiendo uno en un animal de costumbres (que no manías) y tiene ya por ejemplo su momento semanal de tomarse cuatro vinos en torno a una mesa en una terraza los viernes por la tarde noche (después de darlo todo en el agua, eso sí).

Me gusta pensar HUMILDEMENTE que estas charletas con mis amigos tienen un punto equiparable a las tertulias de principios de siglo de los escritores y pensadores de las grandes ciudades españolas (me refiero a las quedadas de "Lorca y sus coleguis", "Unamuno y sus compis" y cosas así), porque lo cierto es que tengo la gran suerte de contar con unos contertulios de aúpa, con una cultura vastísima, una capacidad intelectual envidiable y unas vidas familiares y profesionales que les dan una visión muy interesante y puntera de nuestros días.... así que nos atrevemos a comentar y opinar con alegría y con cabeza, reflexionando más o menos (según las cervezas o vinos que llevemos ya) sobre tecnología, futuro, sociedad, política... Huelga decir que lo que menos importa aquí es que se trate de un puñado de ingenieros, físicos o informáticos, ópticos, psicólogas, economistas, secretarias, artistas (yo diría genio) del mundo audiovisual... funcionarios, autónomos, empresarios o asalariados, de la margen izquierda, de la margen derecha de la costa... Huelga, porque lo que importa es que se trata de un grupo de personas de mente abierta y expectante. Un lujo.

Ayer fue un día de esos en lo que hubo momentos para varios temas: una inteligencia artificial que ha acertado la quiniela de los Óscars, el conflicto que hay entre tecnología y ética con los coches autónomos y sus hipotéticas decisiones ante accidentes, el precio de la productividad en una empresa ante un trabajador que tensiona al resto, los modelos socio-relacionales en los que se basan nuestras casas, barrios y ciudades, los putos-criptolockers que han últimamente han campado por sus anchas en servidores que tenían el puerto 3389 (protocolo RDP) en bolas, (colegios, clínicas) etc etc etc... que dicho todo así puede parecer un peñazo, pero lo cierto es que lo pasamos de miedo, el ambiente es inmejorable y yo personalmente agradezco las conversaciones en las que no prime ni el Athletic, ni la maciza o el macizo televisivo de turno, ni el coche del vecino, ni los cuernos que se han puesto unos compañeros del curro.

De hecho, estás tan a gustitooooooo que no te das cuenta y tienes que ir hasta casa con el coche por caminos poco frecuentados por la policía, porque oye, 4 vinos y ya te das cuenta de que no vas fino... o mejor, de que vas fino...

En cualquier caso, me quedo con la frase que dijo ayer uno de los tipos más inteligentes que nunca he conocido, dijo: "sea como sea, pienso que estamos viviendo una época apasionante y muy bonita". Y tiene razón. La semana pasada yo hacía referencia en este blog a Black Mirror, una distopía sobre el presente, y muchos de mis artículos tienen ese poso de "pesar" por cómo la tecnología nos va comiendo el terreno.

Y tiene razón. Hasta el año 1800 y pico las sociedades y las vidas eran mucho más lineales y monótonas que ahora (con la excepción de que te podían rebanar el pescuezo o no, según el viento que soplase aquel día, y claro, eso le daba algo de emoción a tus despertares, esto lo comentaba otra de las mentes pre-claras, un figura, un tipo sencillamente espectacular) pero lo que está claro es que hoy por hoy la tecnología avanza tanto que todo es nuevo, que en 10 años vamos a ver cambios que antes tardaríamos en ver 30 o 100. Y es la época que nos ha tocado vivir. Y mola.

Me quedo con eso. No es soberbia, que va. Es suerte: alegrémenos pues de vivir en estos días, y de que la tecnología esté cambiando nuestras vidas.

Gracias por su atención. Ya pueden continuar con lo que estaban haciendo.

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