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17.- Cada loco con su tema.

Hogar, dulce hogar.

Hace unos días me ocurrió algo super-curioso: tuve tiempo y ganas de sentarme a observar a la gente. Y me gustó, oye. Me gustó comprobar aquello que me decía un viejo profesor de historia, ni más ni menos que el excelentísimo señor Don Iñaki Canal (hermano gemelo de su hermano Eulogio): que la forma de vestir y de actuar en la calle, en público, tiene mucho que ver con la cultura de cada época en cualesquiera de sus manifestaciones: música, construcción, pintura, literatura... y cómo no, hoy en día, la tecnología. Y así como él nos hablaba del Barroco y del Renacimiento, hoy también tiene sentido hablar de nuestro tiempo.

Observé que hoy en día los jóvenes (los grandes expositores de las tendencias de cada época) van aislados los unos de los otros. Que se podría clasificar a las personas en rangos de edad únicamente observando su aislamiento. Y me centré en observar a los jóvenes. Y en su tecnología y en la forma de trasladarla a la vida pública.

Y me puse a recordar... cuando yo era joven. Hubo un tiempo que los jóvenes decían "no te enrolles" y coincidía con un elemento de la tecnología que más utilizaban, las cintas de cassete, para oír música. Años después esa expresión quedó en desuso y se decía "no me ralles", y coincidía con la época en la que para acceder a la música se utilizaba ya el CD como estándar. Y entonces caí en la cuenta de esa relación entre el instrumento, el recurso, el cacharro (la tecnología, en definitiva) y los modos de expresarse.

Volviendo a la época actual, a ese maravilloso día en que tuve tiempo para fijarme en las personas que me encontraba, observé que la moda de los jóvenes hoy es la de ir con el pantalón bastante bajito, rollo "me da igual" y con el gorro de la sudadera puesto, rollo "me aislo". Y comprendí. Comprendí que tenía mucho que ver con eso que ocurre cuando vas al bus, o al metro, por ejemplo: que si te pusieras en pelotas en mitad de la multitud apenas se daría cuenta el 10% del personal, porque cada uno va a lo suyo, mirando SU móvil, SUS contenidos u oyendo SU música... porque no necesitan de nadie más.

Parece mentira que esto sea lo que ocurra en la era en la que más fácil es compartir (tecnológicamente hablo) y comunicarse. Ojo, y no quiero parecer abuelo-cebolleta. Simplemente, es lo que hay. La tecnología nos hace tan autosuficientes para todo (hoy en día con un simple móvil podemos hacer setenta mil cosas de trabajo, estudio, comunicacion, fotografía, vídeo, etc...) que nos hemos acostumbrado a no necesitar la presencia de nadie a nuestro lado. Por eso es lógica esta moda de llevar el gorro de la sudadera puesto, aunque brillo un sol de justicia. No necesitamos de nadie (o eso creemos). Nos basta con un móvil y una conexión fluida a Internet.

Y lo mismo nos pasa en casa. Ayer mismo alguien muy cercano a mí publicaba en facebook cuatro fotos sacadas en el mismo instante: eran ella, su marido y sus dos hijos, cada uno en estancias diferentes de su casa accediendo a contenidos diferentes a la misma hora. Y todos tan a gustito. Y me consta que son una familia unida y feliz. Debo reconocer que soy de los que eso de estar juntos pero no estarlo, lo llevo un poco mal, aún tengo inserto en mi genoma ese concepto de "ver la tele en familia" tan de los Alcántara. Supongo que tendré que adaptarme y comprender que, aunque gran parte de mi trabajo lo oriento a que la tecnología sirva para comunicar a las personas entre sí, también es humano querer esa desconexión (en la calle, en casa, en el trabajo...) y que no es malo. A lo mejor sirve para evitar discusiones absurdas, por ejemplo. Seguro que, de vez en cuando, es incluso recomendable.

Eso sí, reconzco también que me encanta llegar a casa y apagar el móvil. O bajar a la playa y tomar luego cuatro vinos y dejar el móvil en casa. Estar off-line tiene un gusto especial, sobre todo si estás con buena gente, tu gente. Será cuestión de encontrar el equilibrio.

Gracias por su atención. Ya pueden continuar con lo que estaban haciendo.

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